Hay una pregunta que aparece con frecuencia en las organizaciones con las que trabajamos, aunque no siempre se formula de manera directa: ¿por qué hay personas que navegan bien la incertidumbre y otras que se bloquean ante ella? No es una cuestión de inteligencia en el sentido clásico, ni de experiencia acumulada, ni siquiera de carácter. Tiene más que ver con un conjunto de actitudes y capacidades que, en conjunto, se llama inteligencia situacional.
Este artículo trata de eso: de qué es la inteligencia situacional, por qué importa más que nunca y cómo se puede desarrollar de forma práctica.
Vivimos en un momento en que los cambios tecnológicos, sociales y organizacionales se aceleran de manera sostenida. Los perfiles profesionales más demandados hoy no existían hace quince años. Las estructuras organizativas que funcionaban en un contexto estable resultan insuficientes en uno volátil. Y las personas que toman decisiones se enfrentan a situaciones para las que no existe un manual de instrucciones claro.

En este escenario, la incertidumbre no es una excepción temporal: es la condición de fondo. Y la pregunta relevante deja de ser “¿cómo controlo lo que va a pasar?” para convertirse en “¿cómo actúo con criterio aunque no lo sepa?”.
El profesor François Mattens, de la Sorbona, lleva años trabajando esta idea: ante la aceleración del cambio, la respuesta no está en tener más información ni en predecir mejor el futuro. Está en desarrollar la capacidad de leer el presente con suficiente precisión como para actuar bien en él. A eso lo llama inteligencia situacional (Artículo en la Harvard Business Review).
Durante décadas, tanto los sistemas educativos como las organizaciones han evaluado a las personas principalmente por su capacidad de retener y reproducir información: el coeficiente intelectual, la memoria, los títulos, los indicadores de cumplimiento. Criterios que tienen su valor, pero que reflejan un sistema de pensamiento predefinido, más útil en contextos estables que en contextos cambiantes.
La inteligencia situacional (IS) apunta en otra dirección. No mide lo que sabes, sino lo que eres capaz de hacer cuando no sabes. Es un conjunto de actitudes mentales y comportamientos intelectuales que combinan sagacidad, flexibilidad, sentido de la oportunidad, atención al contexto y capacidad de conectar elementos aparentemente dispersos para generar respuestas nuevas.
Lo que hace especialmente interesante a la IS es que no es innata. Se aprende, se entrena y se fortalece con la práctica. Y eso cambia mucho las cosas, tanto a nivel individual como organizativo.
Lejos de ser innata, la IS se aprende, se mantiene y se fortalece. Veamos cómo:
“Recuerda que nuestra inteligencia no trata solo de lo que sabemos,
sino de lo que hacemos cuando no sabemos.”
“Si tuviera una hora para resolver un problema, pasaría cincuenta y cinco minutos pensando en la pregunta y cinco minutos pensando en la solución“- Albert Einstein.
Esta lógica se apoya en la capacidad de cambiar de perspectiva y ver las cosas desde ángulos variados. Al diseccionar un problema complejo en una serie de preguntas sencillas, se suman soluciones sencillas. La suma de estas soluciones sencillas conduce a un resultado favorable frente al problema global.
Es fundamental volver a poner el sentido común en el centro de la gestión y de la toma de decisiones. El sentido común radica en la capacidad de tomar decisiones basadas en la realidad, reduciendo el uso de ideas predefinidas. Se puede mejorar y mantener gracias a ejercicios intelectuales, y sobre todo mediante experiencias que te obliguen a salir de tu zona de confort.
Adaptarte a tu entorno es una característica importantísima de la inteligencia situacional. Se trata de actuar como un camaleón en cualquier entorno social o intelectual. Es decir, demostrar inteligencia emocional, detectar y encontrar la mejor manera de actuar en un entorno determinado para generar nuevas oportunidades.
En las culturas latinas, el coste psicológico del error es muy alto. Eso es así porque estamos acostumbrados a juzgarnos muy duramente al cometer un error. Este juicio limita nuestra capacidad de pasar por procesos de prueba y error, y por tanto de crear nuevas soluciones. Nos lo enseñan tanto la naturaleza (que prueba y falla permanentemente para poder progresar) como culturas como la norteamericana, más acostumbradas a la toma de riesgos. Desarrollar nuestra inteligencia situacional también pasa por reducir este coste psicológico del error.
Sin caer en el síndrome del impostor, es importante conocer nuestros límites y debilidades. Esta conciencia fortalece el liderazgo, ya que deja espacio a que las demás personas expresen sus talentos, generando de nuevo, nuevas posibilidades.
Los grandes logros rara vez son individuales. La persona con alta inteligencia situacional sabe encontrar conexiones entre ecosistemas distintos, construir puentes entre perfiles complementarios y generar sinergias donde otros solo ven diferencias. La IS se potencia en colectivo, y ahí es donde conecta directamente con la inteligencia colectiva: la capacidad de un grupo para pensar y decidir mejor que cualquiera de sus miembros por separado.
La inteligencia situacional no es solo una competencia personal. A nivel organizativo, es lo que permite que un equipo responda bien cuando el contexto cambia, cuando aparece una oportunidad inesperada o cuando una crisis pone a prueba la cohesión interna.
Una organización con alta IS colectiva tiene conversaciones más honestas, toma decisiones con mayor criterio y aprende más rápido de sus errores. Y para eso no basta con contratar personas inteligentes: hace falta crear las condiciones —estructurales, culturales, comunicativas— en las que esa inteligencia pueda desplegarse.
Esto es, precisamente, lo que trabajamos en Adesio a través de procesos de facilitación y dinámicas colaborativas: crear los espacios y las conversaciones que permiten a los equipos leer mejor su situación, pensar con más perspectiva y actuar con mayor coherencia.
Si te preguntas si tu equipo o tu organización tiene margen para desarrollar su inteligencia situacional, un buen punto de partida es observar cómo reacciona ante lo inesperado. ¿Se paraliza? ¿Improvisa sin criterio? ¿O tiene la capacidad de leer el contexto, hacer las preguntas correctas y encontrar respuestas nuevas?
La diferencia entre una y otra respuesta no es aleatoria. Se construye, se facilita y se sostiene en el tiempo.
Si quieres explorar cómo trabajar la inteligencia situacional en tu organización, estaremos encantados de tener una primera conversación contigo. Y si quieres seguir leyendo, te recomendamos un artículo reciente sobre el arte de las conversaciones de calidad, ¡otra forma de desarollar tu inteligencia situacional!
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